Es una mezcla de sensaciones lo que siento...entre asco, rechazo y oportunismo por tener su minuto de gloria.
En el mismo momento que ocurrió el triste atentado terrorista de las Ramblas, gente con el móvil en la mano se paseaba por entre los heridos y fallecidos para ser los primeros en compartir esas imágenes. Esa es nuestra primera reacción antes de ayudar o socorrer a la gente que había allí. Eso no es lo más grave, ya que por las redes se han compartido esas imágenes para aumentar el morbo y las portadas de El Mundo y El periódico se han hecho eco de las mismas incluyéndolas en sus portadas.
Ahora se piden desde las autoridades que no se compartan y socialmente es reprobado, pero recuerdo a un periodista llamado Miguel Temprano que el día del atentado en Madrid del 11 de Marzo del 2004 salió a la calle cámara en mano grabando imágenes que ahora mismo se calificarían de mal gusto y de escasa validez informativa. Y quedó como un héroe.
No todo el mundo va a compartir mi opinión desde luego (ni lo pretendo) pero en esa misma escala de valores se encuentra el chaval italiano que fue apalizado por tres rusos de origen checheno en Lloret de Mar que, rodeado de decenas de personas, los testigos en vez de intervenir se dedicaron a grabar con sus móviles la escena. Si al menos una docena de esos testigos hubieran intervenido, Niccolò estaría vivo.
Y sigo...palizas de adolescentes grabados por sus compañer@s en plena calle, escenas de bullying en aulas, agresiones sexuales en fiestas populares (léase San Fermín) ante la vista de otros y todos, todos, con el móvil en la mano grabando para compartir con sus amigos ¿Lo peor? esas imágenes se extienden como la pólvora. Algo de culpa tenemos todos
No sé aún que placer hay en grabar el dolor o la agonía de un ser humano o animal, pero ante todo eso sólo tengo una respuesta:
NO COMPARTIR
Miguel Soria López
Comentarios
Publicar un comentario